Vilalba ciudad

Vilalba


ciudad


Villalba[1]​ (en gallego y oficialmente desde 1984, Vilalba)[2]​ es un municipio español perteneciente a la provincia de Lugo y capital de la comarca de Tierra Llana (Terra Chá), en la comunidad autónoma de Galicia. Se trata de una villa de tamaño medio, de vida tranquila y escasa actividad social, aunque posee un polígono industrial de considerable tamaño. Sus monumentos más significativos son La Pravia, un árbol de origen posiblemente mitológico, el Torreón de los Condes de Andrade, ligado al Condado de Lemos y actualmente Parador Nacional de Villalba, y la iglesia de Santa María, de estilo vagamente Neoclásico, en el centro de la villa medieval. Precisamente esa Pravia, que preside la confluencia entre la "Rúa da Pravia" y la "Rúa de Galicia", tal vez sea el símbolo más representativo de la población, un árbol totémico que con toda probabilidad representa la personalidad y carácter de este pueblo milenario. En cuanto a su clasificación botánica, se trata de un arce blanco que ha pasado por diversas vicisitudes, pero que actualmente goza de un buen estado de salud. Las primeras referencias a la villa actual datan del siglo VI, del concilio celebrado en Lugo, donde se la cita como el Undecimus comitatus Montenegrinus dicitur.[3]​ Se alude a la villa de Santa María de Montenegro bajo la protección de la familia del mismo nombre. En el siglo VIII la villa sufrió un incendio que la destruyó completamente.[4]​ Posteriormente en el siglo XII aparece referida con el nombre de Vilarente.[4]​ El coto de Vilarente se dividió en el año 1128 entre el Prelado y don Rodrigo Velaz, Conde de Montenegro. Se cree que el primitivo castillo fue levantado en el siglo XIII por un tal Rodrigo Sánchez, aunque existen menciones anteriores, en torno al siglo XI, a una fortaleza sita en el lugar. Dicha fortaleza era feudo de don Fernán Ruiz de Castro, señor de Lemos, pero al parecer fue donada por el rey Sancho IV y su esposa María de Molina al infante don Felipe. Dicha donación supuso un enfrentamiento entre el de Lemos y el Infante, que acabó con la muerte de don Fernán Ruiz en un duelo celebrado en Monforte. A principios del siglo XIV la villa era señorío de don Fernando Ruíz de Castro hasta que, en 1364, el rey Pedro I hizo donación de ella a Fernán Pérez de Andrade, apodado O Boo. Desde entonces la villa aparece íntimamente ligada a la dinastía Andrade. Le sucede su hermano don Pedro Pérez de Andrade y el hijo de este, don Nuño Freyre de Andrade. Su conducta y trato cruel promovió que se hiciese contra él la primera revuelta Irmandiña, en 1431, en la que destruyeron muchas de sus propiedades y varias fortalezas, entre ellas el primitivo castillo de Villalba. Derrotados los plebeyos en la batalla de Puentedeume, fueron ahorcados muchos de ellos y los demás obligados a restaurar a su costa los desperfectos causados en los castillos, quedando todos ellos de nuevos sometidos y tratados con mayor dureza que antes de la sublevación. En 1442 otro Fernán Pérez de Andrade obtuvo la confirmación del señorío por parte del rey Juan II. En el año 1467, el año de la segunda y verdadera Revuelta Irmandiña, Alfonso de Lanzós, Pedro de Osorio y Diego de Lemos dirigieron un auténtico ejército popular que acabó con todas las fortificaciones de los Andrade, con excepción de la de Moeche, en Pontedeume, e hicieron huir a este Fernán Pérez de Andrade, llamado O Mozo. En 1486 Diego de Andrade es nombrado Conde de Villalba por los Reyes Católicos. Su hijo Fernando de Andrade e Pérez das Mariñas ostentó los títulos de Señor de Pontedeume, Ferrol y Villalba, segundo Conde de Villalba y primer Conde de Andrade, por designación real.[5]​ Su hija, doña Teresa de Andrade de Ulloa y Zúñiga, Condesa de Villalba, casó con don Fernán Ruiz de Castro, primer marqués de Sarria. Por razón de este matrimonio, la villa de Villalba y todas las demás que constituían los estados de Andrade, se incorporaron a la casa de Lemos, que los poseyó hasta principios del siglo XIX. Después el condado de Villalba pasó a la casa de Berwick y Alba, donde actualmente radica.[6]​ La historia de Villalba tuvo un tranquilo discurrir durante los siglos XVI y XVII. La introducción del maíz de América produjo una mejora en la situación económica de la hidalguía de la zona, lo que se tradujo en la aparición de algunas suntuosas casas hidalgas en los alrededores. Durante el siglo XIX Villalba también sufrió las consecuencias de la Invasión Francesa y la primera guerra carlista. Ya en el siglo XX la villa fue el centro de una intensa actividad intelectual y cultural.

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