Comillas pueblo

Comillas


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Comillas es un municipio y una villa de la comunidad autónoma de Cantabria (España) situado en la Comarca de la Costa Occidental. Limita al norte con el mar Cantábrico, al sur con el municipio de Udías, al este con el de Ruiloba y Alfoz de Lloredo y al oeste con el de Valdáliga.[1]​ Destaca por sus edificios medievales y barrocos y por ser uno de los pocos lugares fuera de Cataluña en el que intervinieron artistas modernistas, siendo sus obras abundantes y visibles por toda la villa. La localidad da nombre a la Universidad Pontificia Comillas ubicada originalmente en esta villa cántabra hasta su traslado a Madrid. Los antiguos edificios de la universidad son uno de los mejores ejemplos del modernismo de la localidad. Actualmente es un campus de la Universidad de Cantabria. Por ubicarse en ella la Universidad de la que salieron importantes figuras eclesiásticas se la conoce popularmente como la "villa de los arzobispos".[2]​ Desde la segunda mitad del siglo XIX, la familia real española comenzó a pasar sus veranos en Comillas, y como consecuencia gran parte de la nobleza española, cuyos muchos descendientes todavía frecuentan la villa cada verano.[3]​[4]​ De este modo, Comillas dejó una huella de reliquias arquitectónicas como palacios y monumentos diseñados por artistas de renombre, particularmente catalanes como Gaudí o Domènech i Montaner.[5]​ Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, Andalucía y las islas se popularizaron debido a la inclinación turística hacia destinos más soleados, por lo que lugares como Marbella, Sotogrande o Mallorca se convirtieron en atractivos destinos veraniegos para la alta sociedad.[6]​[7]​ Pese a que la villa ha experimentado un gran incremento de veraneantes en los últimos años, aun mantiene su carácter como "el refugio de la aristocracia discreta y decadente".[8]​[9]​ Comillas llegó a ser la capital de España durante un día, el 5 de septiembre de 1881, tras la decisión del rey Alfonso XII de reunir a su consejo de ministros en la villa.[10]​ Fue también la primera localidad española en tener luz eléctrica, patentada en 1879 por Thomas Edison.[11]​ En enero de 2024 Comillas ha recibido la catalogación como Uno de los pueblos más Bonitos de España convirtiéndose en miembro de la Asociación Los Pueblos Más Bonitos de España. [12]​ La peculiar orografía de Comillas, con numerosas simas y cavernas, propició el asentamiento hace miles de años de hombres primitivos que vivieron y expresaron su arte representando pinturas y figuras con técnicas y coloridos extraordinarios. Cueva de La MeazaSituada en el municipio de Comillas, en Ruiseñada, tiene una gran sala inicial con indicios magdalenienses, azilienses y de la Edad del Bronce. Presenta una pintura abstracta formada por líneas sinuosas de puntuaciones en rojo y una mano en negativo, casi con seguridad Paleolíticas. Cuevas de PortilloSituadas en el límite entre Comillas y Ruiloba, algunas tienen una gran profundidad y numerosas galerías. Se han encontrado numerosos concheros de origen Neolítico, lo que demuestra la actividad pesquera que ya realizaban en la prehistoria, fue una cultura muy especializada en el marisqueo aunque también cazaba, por lo que se buscó asentamientos que tuvieran cerca la montaña y la mar. Mina NumaSituada en La Molina (Ruiseñada) esta mina explotada desde la antigüedad y en la que se han encontrado utensilios y monedas de época romana, así como un ara dedicada al dios Júpiter. También se han encontrado restos de puntas de flechas. A esta época pertenece el castro de la Peña del Castillo situado a tres kilómetros antes de entrar en la zona urbana de Comillas. Se conservan los restos de su muralla entremezclados con los restos del castillo que fue erigido en época medieval. La romanización llegó a Comillas, y esto se sabe porque entre los jardines del Palacio de Sobrellano se hallan entre los ramajes pocos restos de ruinas de grutas artificiales, columnas y sarcófagos de origen romano.Los romanos también sacaban metales de la ría de la Rabia y de Portillo, minas que ya eran explotadas en la Edad de los Metales en la Prehistoria. Aunque los romanos estuvieron en Comillas no se conoce como villa hasta la Edad Media, ya que era un lugar de tránsito donde los romanos no edificaron gran cosa. Lo que se conoce como la villa de Comillas consolidada se da a conocer en el siglo X y XI en plena Edad Media (entre los años 900 y 1000) donde se empiezan a construir viviendas, por donde hoy está el barrio de Velecio. Los documentos más antiguos relativos a Comillas datan del siglo XI, aunque la mayor parte de ellos se perdió tras un incendio en la Casa Consistorial. Su historia aparecía documentada en el año 1088, al formar su población gentes de behetría, que desempeñaban la condición de hombres libres que disfrutaban la facultad de elegir señor a quien quisieran sin otra restricción que hacerlo entre los descendientes de un determinado linaje, vinculado con la Casa de la Vega. En 1492, al morir en Valladolid Leonor de la Vega, Íñigo López de Mendoza, obtuvo en 1444 del rey Juan II de Castilla el título de marqués de Santillana. Tres años después también le asignó ese monarca las localidades de su jurisdicción, entre las que figuraba la villa de Comillas Garcilaso I de la Vega edificó a comienzos del siglo XIV una torre (conocida en la villa como El Torreón) junto al surgidero de Comillas, para disputar a San Vicente de la Barquera su dominio marítimo en ese sector de la costa. Tras el Pleito de los Valles, la villa pasó a formar parte de la realenga Provincia de Nueve Valles. Históricamente este municipio fue uno de los cuatro que integraban el Alfoz de Lloredo, que a su vez era uno de los famosos nueve valles que pleitearon contra los marqueses de Santillana en defensa de su condición de realengo. Aparte del linaje de la Vega en la villa de Comillas, se construyó una iglesia parroquial, que parece haber pertenecido a un templo de estilo bizantino completado en los siglos XI y XII, pero que más tarde los cristianos en las ruinas de esta iglesia construirán otra iglesia parroquial medieval gótica en el siglo XV (actualmente es dónde se encuentra el cementerio de Comillas que en el siglo XIX cambió por completo tras los artistas modernistas, dejando también las ruinas medievales). Cuenta la tradición, entrado el siglo XVI, que el templo donde actualmente se sitúa el cementerio (antigua iglesia gótica) fue abandonado por la población tras un percance suscitado durante la misa mayor de un domingo entre varios vecinos y el administrador del duque del Infantado, por la cesión de unos asientos reservados a los feudatarios de estas tierras. Unos hechos que eran la continuación del enfrentamiento y hastío del pueblo contra el duque del Infantado, hartos de sufrir la opresión y continuos desprecios de dicho duque estos se rebelan ya abiertamente contra el administrador, el duque y el párroco. Todos a una los feligreses juraron no volver a pisar la iglesia y decidieron abandonarla, lo que derivo en un “pleito” entre el duque y la Iglesia de un lado y el pueblo de otro. La Iglesia sintiéndose injuriada manda sancionar al pueblo de Comillas con la excomunión y entredicho, motivo por el que durante cerca de un año no pudiesen recibir los Santos Sacramentos, hasta que la intervención del regidor de la villa, bajo juramento, acordó con sus convecinos construir un nuevo templo en el que no existieran privilegios si se les levantaba la pena, a lo que la Iglesia accedió pidiendo para conseguir el perdón, que en señal de penitencia los hidalgos y pecheros del municipio fuesen a la iglesia un domingo en procesión vestidos solamente de jubones, desnudos de cintura para arriba pero con dogal y con coroza, mientras el pregonero declare sus delitos. La construcción de la nueva parroquia se comenzó veinticinco años después. Durante este tiempo, los oficios religiosos se celebraron en la ermita de San Juan, situada en el lugar que ocupaba el edificio de la Casa de la Villa, hoy centro de interpretación turística. Con el tiempo, la antigua parroquia fue reutilizada como cementerio. Pleito distinto fue el que ganaron los comillanos, apoyados en este caso por los mencionados marqueses, frente a la villa de San Vicente de la Barquera, que sostenía que su fuero de 1210 les otorgaba el monopolio para comerciar y pescar en la costa occidental de Cantabria, fuero que prohibía faenar a la pesca a dos leguas al este y al oeste de San Vicente de la Barquera, teniendo los pescadores de Comillas que atracar sus barcos en Puerto Calderón de la vecina Oreña durante la duración del pleito que a la final fallaron los Reyes Católicos en el año 1500 a favor de Comillas, demostrando estos para su defensa que desde muy antiguo se venía faenando las gentes de la mar en dicha villa. Al final Comillas logró romper el monopolio barquereño y durante la Edad Moderna fue un activo puerto pesquero, destacando sus pescadores en la difícil empresa de la captura de la ballena. Una de las actividades principales de Comillas fue la captura de las ballenas, la ballena franca del Cantábrico, la más lenta de todas las especies y que además tenía la particularidad de que al ser arponeadas al morir no se hundían al fondo sino que permanecían a flote, lo que facilitaba las capturas. Estaban presentes en las costas cantábricas de noviembre a marzo. Eran oteadas desde las atalayas (situadas en Portillo, Santa Lucía, Trasvía y Oyambre) y desde ellas el atalayero daba el aviso al resto de sus compañeros, con señales de humo, cuernos o banderas. Las pinazas se lanzaban al mar, con el arponero en la proa. Lanzado el primer arpón, el cetáceo quedaba herido y unido a la barcaza por la cuerda, lo que facilitaba que el resto de embarcaciones desangrasen al animal hasta que, debilitado, podía ser conducido a tierra. Ya en la playa, en la conocida como “Piedra de la Ballena” era despiezada. Parece ser que según las costumbres de la época, el primer trozo era para el atalayero, una parte para la Iglesia y otra para el Consistorio. Luego, era transportada a la Casa Consistorial Ballenera (hoy cuartel de la guardia civil) y a las cabañas, donde se procedía a su transformación en aceite o saín. Además de los marineros comillanos, para estas costeras se censaban en la temporada de invierno los marineros vascos, con el fin de poder participar en las capturas y comerciar con sus productos. En el verano de 1676 una terrible galerna azotó a los marineros de Comillas quiénes faenaban en los barcos cerca de la costa. El párroco rezó al Santo Cristo del Amparo y la galerna fue amainando. Los comillanos de entonces creyeron en el milagro de que el Santo Cristo del Amparo había salvado a sus seres queridos. Desde entonces el Santo Cristo del Amparo empezó a ser el patrón de los marineros, celebrando cada verano una fiesta en su honor. En 1720 concluyó la actividad ballenera en Comillas, pero fue tal la fama de los arponeros comillanos que 60 años después, aún eran reclamados en Canarias. Aún hoy se sigue recordando a Ignacio Fernández de Castro como el más importante ballenero comillano. Comillas fue considerada la capital de las villas marineras en la pesca de la ballena desde el siglo XVI al siglo XVIII, siendo el último puerto ballenero del Cantábrico y el más pequeño de todos, motivo por el cual está registrado en El libro Guinness de los récords. Cuando desaparecieron los cetáceos (siglo XIX), la reducida flota se recalificó en la captura de la sardina, la caballa y el bonito. Como decíamos, la pesca en Comillas ya se realizaba desde antaño siendo esta una de las principales actividades económicas. En un principio, se realizaba con pinazas que varaban en la playa. El fin era satisfacer las necesidades de la población o bien efectuar el trueque con pueblos vecinos. El puerto que hoy conocemos no se empieza a construir hasta el año 1603, concluyéndose algo más de un siglo después, en 1716. El puerto de Comillas nunca fue un puerto comercial, aunque a finales del siglo XIX se embarcara mineral de zinc procedente de los yacimientos de la comarca. Fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando realmente experimentó una importante eclosión de la mano de un incipiente turismo de ‘baños de ola’, que atrajo al norte de la Península a veraneantes de diferentes regiones españolas y extranjeras y, sobre todo, a un personaje, Antonio López del Piélago y López de Lamadrid, primer marqués de Comillas, quien se volcó con su villa natal tras salir airoso de sus negocios al otro lado del Atlántico, y de su hijo, Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas. En el año 1881 Antonio López y López, primer marqués de Comillas, invita al rey español Alfonso XII, con quien le unía una gran amistad, a su tierra natal. La visita, que se fijó para el 6 de agosto, fue determinante para el posterior devenir de Comillas. Esta se vio inmersa durante meses en un continuo ajetreo con una única finalidad, transformar la villa en un lugar digno de reyes. La villa se engalanó en sus accesos con arcos de bienvenida que representaban los distintos oficios de la localidad. Pero sin duda, uno de los hechos más espectaculares para aquel día fue la disposición a lo largo de la villa de 30 farolillos que debían iluminarse con la llegada del rey. Este hecho determinó que Comillas se convirtiese en la primera localidad española con luz eléctrica en sus calles (hacía menos de un año que Thomas Alva Edison había inventado la lámpara incandescente y se trajeron desde sus laboratorios en Newcastle y París, la maquinaria de vapor que lo alimentaba se trajo desde Barcelona) y simbólicamente, capital de España por un día. Ya que Alfonso XII reunió al Consejo de Ministros en la Casa Ocejo durante ese veraneo en la villa.[20]​[21]​ Para esta ocasión, Alfonso XII vino acompañado de su mujer María Cristina, sus hermanas y su hija. Se alojaron en la casona-palacio de Ocejo, cuyos interiores habían sido transformados al gusto de la época por varios decoradores y artesanos catalanes. En los jardines, se instaló un kiosco-fumador diseñado por un joven Gaudí, con paradero desconocido. Y esta casa fue escenario además, de la celebración el 5 de septiembre de un congreso de ministros, para lo cual Comillas tuvo que convertirse por un día en capital de España. Asistieron, además del propio rey, el entonces presidente del Consejo, Sagasta y los generales Pavía y Martínez Campos. Los otros dos grandes acontecimientos en aquellos días, fueron, la presentación al Rey del primer buque español con casco de acero y la inauguración de la Capilla-Panteón. El rey repite su visita a la villa al año siguiente, el 26 de julio de 1882. En esta ocasión acudió solo, si bien el 23 de agosto se unen a él su madre, Isabel II y las infantas Paz y Eulalia. La llegada de la reina supuso para Comillas algo similar a lo vivido el año anterior. Se repite la recepción con arcos de bienvenida, cañonazos, cohetes y repique de campanas, a su llegada a Portillo. Isabel II y sus hijas permanecen en la villa hasta el 27 de septiembre, dedicando su tiempo a baños en la playa (los llamados baños de ola), visitas a otras localidades, fiestas en la Coteruca o en la casa de Ocejo e incluso romerías, como la celebrada el 24 de agosto en la Cruz Verónica. Pero uno de los acontecimientos más especiales fue la celebración en el Ayuntamiento de diversas conferencias con sesiones teóricas y experimentales sobre las aplicaciones de la electricidad, llevadas a cabo por los mejores especialistas de la época. Estas visitas regias ejercerán como un imán para burgueses enriquecidos y aristócratas en su afán de estar próximos a la corte y serán además, uno de los puntos desencadenantes de la gran transformación que sufrirá un pueblo, hasta entonces desconocido para la mayor parte de España, y que pasa a convertirse en el lugar de ensayo del Modernismo, (con Antoni Gaudí y el Capricho o la Universidad). También se creó el primer campo del golf de España y el primer teléfono de Cantabria. Las visitas reales a la villa, se sucederán posteriormente con Alfonso XIII, quien aun cuando tenía fijada su residencia veraniega en el Palacio de La Magdalena, en Santander, frecuentó Comillas varios veranos. Durante la Guerra Civil española, Comillas fue un lugar de paso tanto como para las tropas republicanas, como para los nacionales. Por debajo del Corro Campíos se construyó un lugar para resistir las bombas que pudieran caer por el lugar. Una de esas bombas aéreas derribó la torre de la iglesia (reconstruida en los años 40). Los republicanos derribaron la estatua del Sagrado Corazón de Jesús (también reconstruida en 1940) y quemaron el Palacio de la Coteruca hasta que en la actualidad ha sido convertido en viviendas pero con la misma silueta del Palacio. Los nacionales quitaron de la estatua del marqués de Comillas las indianas y al propio marqués para hacer balas ya que eran de bronce. Posteriormente, la estatua del marqués se hizo de piedra. En 2018, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, trasladó la estatua del marqués en Barcelona a un museo, ya que le pareció que era una falta de respeto tener a una persona por las calles de Barcelona, que en el pasado tuvo negocios con la esclavización de negros. La alcaldesa de Comillas, María Teresa Noceda Llano, respondió a Ada Colau que no se sabe con certeza si fue un negrero, ya que fue el mismo cuñado del marqués, Francisco Bru, quién acusó a Antonio López y López de ser negrero en el libro "La verdadera historia de Antonio López y López". Francisco Bru fue un hombre envidioso, debido a la popularidad de este y arremetió contra él. Por tanto, no se sabe con certeza si fue partidario de este tipo de negocios esclavistas. Los historiadores no han encontrado evidencias de este hecho, pero se ha especulado desde la publicación de ese libro.

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