Los Arcos pueblo

Los Arcos


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Los Arcos es una villa y un municipio español de la Comunidad Foral de Navarra, situado en la merindad de Estella, en la comarca de Estella Oriental y a 62 km de la capital de la comunidad, Pamplona. Su población en 2025 fue de 1177 habitantes (INE). Dentro de su término municipal se localiza el Circuito de Navarra. Partiendo de estudios realizados por Javier Armendáriz Martija, el yacimiento arqueológico de El Castillo, situado al norte de la actual población, fue una ciudad vascona de finales de la Edad de Bronce a la Edad de Hierro, que según escritos de historiadores romanos, habría que identificar como Curnonium:​ Hasta el siglo II d. C. no hay noticias de la existencia de esta ciudad. Es Claudio Ptolomeo quien la incluye dentro del listado de ciudades vasconas. Aunque sus parámetros geográficos lleva a cuestionar su localización precisa existen otros testimonios que ayudan a hacerlo. Existen una inscripción funeraria hallada en Burdeos (CIL, XIII, 62) que menciona a un curnoniense desplazado en Aquitania.​ El P. Moret, en un intento de precisar su localización, la situó entre Viana y Los Arcos vinculando, erróneamente con la Oya de Cornaba, término situado en Viana, donde se localiza el despoblado medieval de Cornava que se incorporó a la ciudad de Viana en 1219 cuando Sancho el Fuerte concedió a esta el llamado Fuero del Águila. Este apunte de Moret, sin sometimiento crítico, ha sido asimilado posteriormente por diversas fuentes, incluidos arqueólogos más recientes que lo adoptaron como válido.​ Esta debió de acabar sus días en el contexto de las guerras sertorianas, en el 72 a. C., ya que presenta un estrato de ceniza similar a que se aprecia en La Custodia (Viana), y otros yacimientos próximos. A sus pies debió surgir la nueva ciudad romana, que agrupó a las poblaciones destruidas por Sertorio. La abundancia de los restos arqueológicos que han ido apareciendo durante el último siglo, cada vez que se hacían obras en el subsuelo de la población, indican que bajo la actual villa hubo una previa de origen romano. Como muchos pueblos de la zona, Los Arcos surge de un pequeño barrio, Santa Olalla, y del castillo. Pero es en el siglo XI cuando se forma lo que hoy conocemos como villa. Acaeció cuando Sancho Garcés IV de Navarra, el de Peñalén, la repobló tras la batalla de Valdegón (1067). Esta batalla, dentro del contexto de la Guerra de los Tres Sanchos, enfrentaba a los reinos de Castilla, de Aragón y de Pamplona. Pamploneses y aragoneses, de un lado, derrotaron a los castellanos. El rey, agradecido, puso un arco tenso (Arcos) y mandó repoblar la villa. En 1113 se conoce una donación al monasterio de Leire por parte del rey Alfonso I el Batallador, rey de Pamplona y Aragón, fechada en la villa cornoia de Los Arcos.​ Otro documento medieval, extraído del Becerro de Irache, ayuda a localizar la antigua Curnonium con la actual villa: en 1120 se produjo un conflicto de límites entre Mendavia y Villa Mezquina (ahora un desolado mendaviés). En la descripción de los límites de ambas se menciona una piedra hitera que indicaba tal delimitación.​ A finales del siglo XII el rey Sancho VI de Navarra otorga el Fuero de Los Arcos (Pamplona, abril de 1176),​ un fuero singular «cuya adecuación a algunos de los tipos de fueros» contemplados lo sitúa en una categoría propia al presentar tanto rasgos comunes a los llamados «fueros de frontera» (exención de carnaje,​ fornaje​ y herbazgo, donación de sernas y yermos, derecho a gozar libremente de aguas, leñas y hierbas) junto a ciertos privilegios jurisdiccionales. De hecho era la única buena villa dentro de las vías jacobeas navarras que no tenía el habitual fuero de Jaca en su versión estellesa o pamplonesa. Y aunque dentro de la villa tanto francos como infanzones y labradores mantenían su condición diferenciada el fuero daba cabida a todos ellos regulando sus compraventas y fijando, además, un régimen fiscal diferenciado ya que tanto francos como labradores pagaban el censo por solar (doce sueldos anuales, algo habitual en las poblaciones burguesas a partir de la segunda mitad del siglo XII) mientras que los infanzones estaban eximidos de ello. La villa acabó siendo una «plaza fuerte,​ uno de los principales burgos de francos o ruanos del reino, a pesar de no estar aforada a ninguna versión del fuero de Jaca. Es más, fue una de las seis buenas villas que formaron inicialmente el brazo de las universidades en las Cortes de Navarra a mediados del siglo XIII.»​​ En 1274 la población sufre de nuevo los efectos de la guerra, quedando afectado su castillo tras el ataque de las tropas castellanas, capitaneadas por el primogénito Don Fernando de la Cerda. En 1283, en la convocatoria que hace la reina Blanca —regente durante la minoría de edad de Juana I— de las Cortes de Navarra, aparece como una de las buenas villas que es llamada,​ y desde entonces —salvo el periodo posterior en que quedó incorporada a Castilla (1463-1753)— mantuvo asiento en Cortes. Pasados los años, la zona vuelve a sufrir los avatares de la guerra civil, y esta vez para cambiar de pabellón. Navarra, tras la muerte de la reina Blanca y su controvertido testamento, se divide entre agramonteses, partidarios de Juan II de Navarra, y beamonteses, partidarios de Carlos, Príncipe de Viana que cuenta con el apoyo de Castilla. Los Arcos se alía del lado de los agramonteses. El 7 de julio de 1463, tras la sentencia arbitral de Bayona, los delegados del rey Enrique IV de Castilla requieren a los de la villa de Los Arcos homenaje y juramento de fidelidad como vasallos, tras perder la causa agramontesa por la que habían luchado. Los Arcos, Fue incorporado a Castilla en 1463 por la sentencia arbitral que el rey Luis XI de Francia da a las diferencias entre Juan II de Navarra y Enrique IV de Castilla; la villa se sometió con la condición de seguir gozando de todos los fueros y privilegios, perteneciendo al reino castellano hasta 1753, año en que se reincorpora a Navarra. También fueron incorporados a Castilla las villas de Armañanzas, El Busto, Sansol y Torres del Río.​ En 1521, en el contexto del intento de reconquista de Navarra, la población de la villa resistió temporalmente al avance de las tropas franco-navarras, en el que finalmente resultó saqueada y derrotada, retrasando el asedio a Logroño tras recuperar nuevamente Navarra para el rey navarro Enrique II. Tras el error logístico que cometió André de Foix, asediando la ciudad castellana al otro lado del Ebro, únicamente consiguió que se reforzasen las tropas imperiales en Logroño. Tras la retirada del ejército navarro, recibió como agradecimiento del emperador castellano un mercado franco los miércoles de cada semana, a perpetuidad. En 1592, hizo noche Felipe II de España que ratificó los fueros que en 1571 había concedido a la villa. A su paso quedó la siguiente descripción de la villa:«La villa de Los Arcos, como se ha dicho, toca al reyno de Castilla y es de quatrocientos vezinos, poco más o menos, con otros quatro pueblos de su comarca y jurisdiction, que con una entrada están metidos en Navarra con sus límites. Está en tierra llana que se descubre de muy lexos y tiene un castillo y cercado viejo de veinte torres, que hermosean la villa, todas de tiempo antiguo, y tiene este castillo un alcayde. También tiene hermoso campanario con iglesia y portal, y es la comarca de mucho pan, vino, fruta, caça y pesca por no estar muy lexos de Ebro, y á la entrada passamos por muchas y buenas huertas».​De aquí al siglo XIX la villa de Los Arcos se dedica, con grandes frutos, al cultivo del vino, en buenas relaciones con Castilla y Navarra. A finales del siglo XVIII, concretamente en 1753, Los Arcos se reincorporará a Navarra. Mantuvo algunos de sus privilegios, como el de la feria anual y mercado franco semanal, el privilegio de exportar libremente cereal a Castilla... Se le devolvió su asiento y voto en las Cortes de Navarra, pero con el noveno lugar en el orden de las Universidades.​ El 19 de diciembre de 1809, el coronel de las tropas napoleónicas Belloc, que había pernoctado en la villa con 800 hombres de infantería y caballería, se ve obligado a tomar los cerros a media legua de Los Arcos al ser acosados por las guerrillas. Serán los vecinos de Los Arcos quienes suban y suministren a los guerrilleros españoles pan, vino y aguardiente. No tardaron voluntarios del pueblo en unirse a la guerrilla en la lucha contra los franceses. Estas y otras refriegas llevaron al virrey de Navarra a manifestar que Los Arcos era uno de los pueblos más desobedientes y adversarios del emperador Napoleón; haciéndoselo saber al general en jefe de Aragón. El balance fue, de todas formas, desolador; de 104 voluntarios, 32 murieron en la Guerra de la Independencia. El 11 de octubre de 1833 tuvo lugar en las afueras de la localidad, cerca de la ermita de Santa Bárbara, el primer choque armado de la primera guerra carlista entre el carlista Ladrón de Cegama y el isabelino Lorenzo.

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