Deba pueblo

Deba


pueblo


Deva​​ (oficialmente en euskera: Deba) es una localidad costera y municipio guipuzcoano del País Vasco, España. Está situada al noroeste de la provincia de Guipúzcoa y ubicada en la desembocadura del río Deva, pertenece a la comarca del Bajo Deva. Tiene una población de 5445 habitantes (2019)​ y una superficie de 51,54 km², con una densidad de 104,85 habitantes por km². Ostenta los títulos de Muy noble y muy leal villa. El origen de la villa de Deva se sitúa en el cercano núcleo rural de Icíar fundado en 1294, hasta que en 1343 se estableció en la actual ubicación con el nombre de Montreal de Deva. Se distribuye por dos vertientes diferentes, la del río Deva y la del río Urola, y su terreno es muy accidentado. La costa destaca por la llamada rasa mareal que se extiende hasta Zumaya. Se sitúa en la margen derecha de la ría que el río Deva forma en su desembocadura; en ella, en otra época, hubo un puerto comercial importante; en la actualidad únicamente se utiliza como puerto deportivo y de recreo. Tiene una gran playa, que es su atractivo turístico principal, junto con su gran alameda. Los restos prehistóricos hallados en los numerosos yacimientos localizados en el territorio municipal testifican una población importante en tiempos prehistóricos. El conjunto de pinturas de la cueva de Ekain, donde destaca un grupo de caballos, perteneciente al Magdaleniense, es de los más importantes de Europa. En la zona de Astigarribia se han encontrado importantes restos en la cueva de la Ermitia (pertenecientes a cuatro niveles culturales: neo-eneolítico, aziliense, magdaleniense y solutrense). En el área de Sasiola también se han hallado restos interesantes, como en la de Praileaitz. En otras cuevas se han encontrado pinturas simbólicas que han sido catalogadas provisionalmente en la época Solutrense; es decir, hace unos 20 000 años. Aun no teniendo noticias de los tiempos del imperio Romano, se sabe que estuvieron en la costa del golfo de Vizcaya con importantes asentamientos, como el puerto y ciudad de Oiasso, en la actual Irún, en Forua, cerca de Guernica o en Guetaria por lo que se puede suponer que también tendrían presencia en la ría del Deva. La iglesia de San Andrés de Astigarribia tiene rastros (una ventana) visigóticos y está considerada como la iglesia más antigua de la provincia. El primer asentamiento relativo a la población de Deva se encuentra en Icíar, donde el 24 de junio de 1294, en Valladolid, Sancho IV de Borgoña, rey de León y Castilla, daba carta puebla a la población con el nombre de Monreal de Icíar (como dice la catedrática en Historia Medieval Beatriz de Arizaga), que vivieron durante 9 años en la zona situada a 342 metros de altura, pidieron insistentemente al rey el traslado al lado del mar en la zona llana en la margen derecha del río Deva, junto a la desembocadura del mismo, para aprovechar de esta forma los recursos que el mar ofrecía y dedicarse a la pesca y al comercio. El rey Alfonso XI de Castilla autoriza el traslado el 17 de junio de 1343 en el Real de sobre Algeciras, se le daba el nombre de Monreal de Deva y se le otorgaba el fuero de Vitoria. Con este traslado, el sitio de Icíar dejó de ser villa, como dice Agustín María de Balzola, Vicario de Deva en 1799; En 1390 se decreta que las reuniones del concejo, que hasta entonces se celebraban en el arenal, pasaran a realizarse en la iglesia, dando testimonio documental de la existencia de un templo en esa época. Tras el levantamiento del conde de Salvatierra en 1520, durante la Guerra de las Comunidades, Deva se situó en el bando comunero,​ venciendo el ejército realista la resistencia de Deva y de otras localidades comuneras vascas tras la derrota del ejército del conde de Salvatierra, Pedro López de Ayala, en la batalla de Miñano Mayor el 19 de abril de 1521. En el siglo XVIII, durante la Ilustración, se proyectó la realización de un conjunto de canales navegables cuyo objetivo final era comunicar el Mediterráneo por el Ebro (por el canal de Amposta), por el canal Imperial de Aragón, con el Atlántico por los ríos Zadorra y Deva (Guipúzcoa) (desembocando en Deva) o bien por Laredo (Cantabria), y con el Duero por el canal de Castilla. Este proyecto no se llegó a terminar, supuestamente por causa de los elevados costes derivados de la compleja orografía, aunque se hicieron algunos tramos en las zonas más llanas canal de Castilla y parte del canal Imperial de Aragón entre 1776 y 1790 por orden del conde de Floridablanca. La economía se basaba en el comercio que generaba el puerto, donde las mercancías que llegaban de la meseta castellana vía Vitoria, se embarcaban para Inglaterra y el hierro procedente de allí se distribuía por las ferrerías del país. Fue tan importante este comercio que en Deva llegó a celebrarse una importante feria de ganado que se perdió cuando el puerto dejó de ser punto de paso de mercancías. La apertura del paso por Orduña, unido al poco calado que la ría del Deva tiene, hicieron que el puerto perdiera importancia. Hay que decir que existieron astilleros hasta principios del siglo XX y que la actividad se mantuvo por algún tiempo. La caza de la ballena, también fue importante, como en el resto de los pueblos vecinos. Se acompañaba con la pesca de otras especies menores. Tenía Deva dos ferrerías que producían hierro, que tratado en sus herrerías daba como resultado una interesante industria metalúrgica. La ganadería y la agricultura, en aquellos tiempos, tenían un papel relevante con producción de chacolí ente sus diversos productos. Deva se extendía hasta Elgóibar y tenía dentro de su circunscripción lo que hoy es Mendaro, contando con los recursos que dicho territorio aportaba, entre ellos el manantial del Kilimón, importante fuente de agua potable de calidad. En esos terrenos se levantaban dos monasterios: el de Sasiola, de Frailes Menores Observantes, y el de Canónigas Agustinas, en el barrio de Garagarza, en Mendaro. La llegada del ferrocarril a la villa con el establecimiento de una importante estación y la moda de la costa vasca como punto de veraneo y balneario, hicieron que se desarrollara a principios del siglo XX una importante industria centrada en el turismo que llegaba del interior de España y en especial de Madrid. El desarrollo turístico se mantuvo hasta los años 70 del siglo XX, para ser relanzado a principios del siglo XXI. La creación de la alameda, el recrecimiento de la playa y la adecuación de las infraestructuras hosteleras, contribuyeron a la creación y mantenimiento de fuentes de riqueza. La historia de Deva queda plasmada en sus monumentos, entre los que destaca la iglesia de Icíar, la que fue iglesia parroquial de aquel primitivo núcleo de Monreal, y la de Santa María, con una maravillosa portada gótica policromada y un bonito claustro. Durante la guerra de la Independencia, al quedar la villa apartada del camino real dominado por las guarniciones francesas, la playa fue utilizada por la marina británica para desembarcar armas y municiones para Francisco Espoz y Mina, que enviaba a sus guerrilleros a trasladar estos pertrechos hasta Navarra. En una ocasión, los británicos entregaron un cañón, y los navarros, al mando de Marcelino Oráa, consiguieron llevar el cañón, arrastrado por bueyes y atravesando de noche las montañas guipuzcoanas, hasta Navarra. Este insólito hecho fue tema para una novela del escritor inglés Cecil Scott Forester, que posteriormente fue llevada al cine, aunque los argumentos, tanto de la novela como de la película, no guardan prácticamente relación alguna con la realidad de la proeza realizada por los guerrilleros navarros. Durante la primera guerra carlista, oficiales carlistas elegían Deva con preferencia en sus períodos de descanso. Pocos años después pasó por Deva el viajero inglés Richard Ford que dijo: «Deva es una población encantadora, con seis mil almas pesqueras: aquí maduran la naranja y la aceituna...La ciudad, cuadrada, con calles que se cortan en ángulo recto, está situada bajo la ladera del Iciar y tiene dos Plazas». ​ Durante la segunda guerra carlista, el guerrillero Santa Cruz actuó en Icíar. Pío Baroja escribió sobre sus andanzas en esta tierra. A finales del siglo XIX con la participación activa del general Francisco Lersundi se encauza la orilla derecha de la ría del Deva. En 1900 se presenta en las Cortes de Madrid, por medio del marqués de Santillana, un proyecto para completar el encauzamiento actuando sobre la orilla izquierda, que es término municipal de Motrico. Este proyecto se queda congelado durante 10 años siendo reactivado de nuevo en 1909 por el ayuntamiento debatarra. Se crea la comisión de obras del puerto que se pone en contacto con el ministro de fomento Fermín Calbetón. Calbetón apoya el proyecto presentado (junto a otros como el de Zumaya y Motrico) y en junio de 1011 se activan definitivamente las obras del puerto y la alameda. En enero de 1912 se pide el apoyo de los pueblos vecinos que se beneficiarían de la obra y aun así los trámites de la obra se dilatan. El 13 de julio de 1913 se da cuenta de que el Consejo de Estado aprueba el último trámite para comienzo de las obras, en todos los trámites la intervención de Fermín Calbetón fue determinante. La subasta de las obras se realiza en julio de 1911 y al quedar desierta se vuelva a realizar en octubre que quedan adjudicadas al contratista Cesare Domínguez. Junto a las obras del puerto, se realiza, también con el apoyo de Calbetón, la traída de aguas y el ensanche exterior, bajo planos del arquitecto Cipriano Artetxe sobre una extensión de 31 000 metros cuadrados que el estado cede al pueblo de Deva. LA obras del ensanche comienzan en 1914 pero no es hasta cuatro años después que llega la cesión de terrenos.​ En la guerra civil española de 1936 - 1939, las tropas sublevadas y procedentes de Navarra, ocuparon Deva el 23 de septiembre de 1936. Este hecho dio lugar a que se nombrara una calle del municipio con esa fecha, aunque popularmente se le siguió denominando «calle de los Muertos» por ser la calle que conduce desde la iglesia parroquial al cementerio de la localidad. El intento de golpe de Estado del 18 de julio de 1936 sorprendió en la localidad a muchos veraneantes que fueron considerados «de derechas», se les detuvo, se les envió a San Sebastián y, desde allí, pasaron en su mayoría a los barcos-prisión que el gobierno vasco tenía en el puerto de Bilbao. El intento de las tropas republicanas de volar el arco correspondiente al puente levadizo, a pesar de estar preparado con antelación, no se realizó gracias a la enérgica intervención de un ciudadano que vivía en la orilla izquierda de la ría. Las tropas rebeldes, compuestas por el requeté navarro y por fuerzas italianas enviadas por Mussolini, quedaron en Deva acuarteladas largo tiempo. Municiones abandonadas por estas tropas en la playa ocasionaron un trágico accidente entre niños que las encontraron. El desarrollo industrial de la comarca, que tenía el motor en la vecina Éibar, llegó a Deva en la segunda mitad del siglo XX, cuando numerosas industrias buscaron ampliar sus instalaciones en las campas de Icíar, donde se estableció un importante polígono industrial. Desde mediados del siglo XIX tras la llegada del ferrocarril, la villa comenzó a convertirse en uno de los lugares de veraneo playero más conocidos de Guipúzcoa, visitado en especial por personas de Madrid. Se realizaron reformas urbanas importantes para proporcionar al entorno de mayor tranquilidad y belleza, como fue la construcción de la alameda o en encauzamiento de la ría y puerto. Durante todo el siglo XX el turismo de playa fue creciendo y consolidándose, siendo además, en la segunda mitad de siglo, el destino de la cercana urbe urbana formada por las localidades de Éibar y Ermua que, juntas, llegaron a superar los 50.000 habitantes. Muchos veraneantes construyeron segundas viviendas en el entorno de la playa, villas como Toledo Enea, Naranjo Ikoa o Sierra Enea. Se abrieron hoteles como Miramar, Monreal, Deva, Celaya, Egaña, Iriondo, entre otros. En la playa se establecieron servicios de toldos y casetas gestionadas por la familia Urasandi. El compositor donostiarra Pablo Sorozábal compuso la Marcha de Deva pieza presente en el repertorio de todas la tamborradas.

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