El Camino Inglés Las rutas de peregrinación de Ferrol y A Coruña

El Camino Inglés


Las rutas de peregrinación de Ferrol y A Coruña

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El Camino Inglés representa una de las rutas históricas de peregrinación más fascinantes hacia Santiago de Compostela, un itinerario que recorre las rutas marítimas medievales utilizadas por los peregrinos procedentes de las islas británicas y del norte de Europa. Este recorrido se desarrolla a través de dos posibles puntos de partida: Ferrol, con un trazado de unos 118 kilómetros que garantiza la obtención de la Compostela y A Coruña, con una alternativa más corta de unos 75 kilómetros que no alcanza el mínimo requerido para el certificado oficial. Ambas variantes atraviesan la verde Galicia septentrional, ofreciendo al peregrino una experiencia íntima y auténtica entre antiguos pueblos marineros, bosques de eucaliptos, puentes medievales y testimonios de la arquitectura románica. El recorrido se distingue por su atmósfera recogida, alejada de las multitudes del Camino Francés y ofrece una dimensión más contemplativa de la peregrinación entre paisajes costeros impresionantes, valles verdes y aldeas que conservan intacta su alma gallega.

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Historia y características del Camino

El Camino Inglés hunde sus raíces en la edad de oro de las peregrinaciones medievales, cuando fieles procedentes de Inglaterra, Irlanda, Escocia y los países escandinavos cruzaban el Mar del Norte y el Golfo de Vizcaya para alcanzar las costas gallegas. El impulso decisivo de este fenómeno llegó en 1122, cuando el papa Calixto II concedió a Compostela el privilegio de celebrar los Años Jubilares a perpetuidad, durante los cuales los peregrinos obtenían la indulgencia plenaria, un reclamo irresistible para los fieles deseosos de liberarse del peso de sus pecados. Los puertos de Ferrol y A Coruña representaban las puertas de entrada naturales para estos viajeros que, tras semanas de navegación, tocaban por fin tierra ibérica para completar a pie el último tramo hasta la tumba del apóstol Santiago. La peregrinación se había convertido en un auténtico “todo incluido” medieval: los barcos mercantes transportaban tanto mercancías como pasajeros y el viaje completo organizado, desde la salida de los puertos británicos hasta el regreso, requería alrededor de dos o tres semanas. Las embarcaciones permanecían fondeadas en los puertos gallegos durante siete u ocho días, el tiempo necesario para cargar y descargar las mercancías, mientras los peregrinos se dirigían a Santiago a pie, en caravanas de carros alquilados, cumpliendo sus devociones al apóstol antes de regresar al barco para la travesía de vuelta. Documentos históricos atestiguan la presencia de hospitales de peregrinos y estructuras de acogida a lo largo de este itinerario ya en el siglo XII, testimoniando la importancia de esta ruta en el tejido religioso y cultural europeo. El gran viajero inglés William Wey, que realizó la peregrinación en 1456, contó en sus diarios haber contabilizado 84 barcos fondeados en la bahía de A Coruña tras cuatro días de navegación desde Plymouth, de los cuales nada menos que 37 enarbolaban bandera inglesa, dando testimonio de la enorme magnitud de este fenómeno espiritual y comercial.

La geografía del Camino Inglés se caracteriza por una extraordinaria variedad paisajística que acompaña al peregrino desde la dimensión marina hasta la rural del interior gallego. El recorrido atraviesa las rías septentrionales, esos estrechos fiordos que se adentran profundamente en la costa atlántica, para internarse después en valles salpicados de hórreos (los típicos graneros gallegos de piedra), cruzar bosques de eucaliptos de intenso aroma y descubrir antiguos puentes medievales que han resistido el paso de los siglos. Desde el punto de vista del firme, predomina el asfalto, principalmente en forma de pistas rurales o carreteras locales con muy poco tráfico, aunque en los últimos años se han recuperado varios tramos de tierra que corresponden al antiguo Camiño Real, el trazado histórico utilizado tradicionalmente por los peregrinos que se dirigían a Compostela y por los transportistas de mercancías. Una modificación sustancial del trazado fue realizada por la Xunta de Galicia en 2017, en particular en el tramo entre Betanzos y Hospital de Bruma, con el objetivo declarado de “suavizar” distancias y desniveles, si bien esta decisión suscitó polémicas entre los puristas del camino e introdujo algunos breves tramos junto al arcén de carreteras transitadas que requieren especial atención por parte del peregrino. El patrimonio artístico a lo largo del camino incluye valiosos testimonios de la arquitectura románica, iglesias góticas y barrocas, conventos franciscanos y el imponente patrimonio militar de Ferrol, una de las ciudades-arsenal más importantes de la España del siglo XVIII.

Lo que distingue al Camino Inglés de los demás itinerarios jacobeos es su dimensión intimista y el ritmo más recogido que permite saborear cada etapa con mayor profundidad. El nivel de dificultad es medio-bajo, con desniveles moderados y una orografía generalmente suave, aunque algunos tramos presentan subidas exigentes, especialmente en el cruce de las colinas que separan la costa del interior, como la notable subida a la salida de Pontedeume. Este camino está especialmente indicado para quienes buscan una experiencia auténtica alejada de las multitudes, para peregrinos con tiempo limitado que desean obtener igualmente la Compostela partiendo desde Ferrol y para quienes aprecian la combinación de paisajes marítimos y rurales en un entorno típicamente gallego.

El Recorrido del Camino Inglés

La peregrinación desde el puerto de Ferrol comienza en el corazón de esta histórica ciudad marinera, donde el arsenal militar del siglo XVIII evoca siglos de historia naval española y donde los peregrinos medievales desembarcaban tras largas travesías atlánticas. Dejando atrás las aguas protegidas de la ría de Ferrol, el camino se abre paso a través de barrios modernos antes de adentrarse en la campiña gallega, atravesando pequeños núcleos rurales donde el tiempo parece haberse detenido y donde los hórreos de granito salpican los campos verdes. El recorrido conduce pronto a Neda, una agradable localidad asentada a orillas del río del mismo nombre, famosa por sus cascadas que en otro tiempo alimentaban numerosos molinos y continúa hacia Pontedeume, una de las etapas más fascinantes de todo el itinerario. Esta villa medieval conserva los restos de una imponente torre del siglo XIV perteneciente a la familia Andrade, los poderosos señores feudales que dominaron esta región y presume de un hermoso puente medieval de quince arcos que cruza el río Eume, testigo del paso de innumerables peregrinos a lo largo de los siglos.

Desde Pontedeume, el camino se adentra en el valle del río Eume, una de las zonas más sugestivas de Galicia, donde la vegetación exuberante crea una auténtica catedral verde natural y donde la humedad atlántica alimenta bosques de robles, castaños y eucaliptos. El recorrido alcanza Betanzos, una auténtica joya medieval que merece una parada prolongada para admirar sus espléndidas iglesias góticas de Santa María de Azogue y San Francisco, esta última custodio de extraordinarias esculturas funerarias medievales que representan una de las cumbres del arte gótico gallego. Las calles empedradas del casco histórico, los palacios señoriales con sus blasones de piedra y la atmósfera suspendida en el tiempo convierten a Betanzos en una de las sorpresas más agradables del Camino Inglés. Dejando atrás esta perla arquitectónica, el peregrino afronta uno de los tramos más exigentes del itinerario, una subida que discurre entre bosques sombríos y senderos rurales hacia el altiplano interior, donde el paisaje se abre en amplios valles salpicados de pequeñas aldeas.

El camino pasa por Hospital de Bruma, un lugar cuyo nombre evoca la antigua presencia de un hospital para peregrinos y donde la niebla (bruma en español) envuelve con frecuencia estos paisajes de altura, creando atmósferas místicas. Es precisamente en este punto donde confluye el itinerario alternativo procedente de A Coruña.

La variante desde A Coruña

La variante más corta, de aproximadamente 73 kilómetros, que parte de la espléndida ciudad marítima abierta al Atlántico, permite llegar a Santiago de Compostela en 3 o 4 días de caminata. Antes de abandonar A Coruña, el peregrino debería explorar el casco histórico con sus estrechas calles medievales que conducen a la Praza de María Pita, dominada por la estatua de la heroína local que, en 1589, defendió valientemente la ciudad del asalto del corsario inglés Francis Drake. El ascenso al Monte de San Pedro ofrece la mejor panorámica de la ciudad, mientras que un paseo por el paseo marítimo permite admirar la célebre Torre de Hércules, el faro romano en funcionamiento más antiguo del mundo y patrimonio de la UNESCO, así como los espléndidos edificios modernistas con sus características galerías acristaladas que han valido a A Coruña el sobrenombre de “ciudad de cristal”. El recorrido tradicional parte desde detrás de la iglesia de Santiago, cerca de la Praza de María Pita, cruza la Avenida da Mariña y continúa por el barrio de Cuatro Camiños a lo largo de la Calle Fernández Latorre en dirección a la zona de Eirís. Tras unos siete kilómetros se abandona la ciudad a través de la explanada de O Burgo, antiguo núcleo marinero de ambiente auténtico, para adentrarse en los municipios de Culleredo y Cambre, donde el paisaje urbano deja paso de forma gradual a la campiña gallega. El camino alcanza Santiago de Sigrás tras catorce kilómetros, continuando hacia la pequeña localidad de Carral, célebre por su pan tradicional que los peregrinos pueden adquirir en los hornos locales. Desde aquí el itinerario atraviesa San Xián de Sergude, en el municipio de Abegondo, recorriendo campos ondulados y bosques de eucaliptos, pasando por As Travesas y llegando ya a pocos pasos de Bruma, donde esta variante se une con el recorrido procedente de Ferrol.

Desde Hospital de Bruma, el camino continúa a través de una sucesión de pequeños núcleos habitados y tramos boscosos, pasando por Sigueiro, puerta de entrada a la comarca de Santiago, donde comienza a percibirse la cercanía de la meta final y donde la emoción del peregrino crece a cada paso. Los últimos kilómetros atraviesan la periferia de la ciudad compostelana, con sus zonas industriales que dejan paso progresivamente al casco histórico, hasta el momento culminante de la entrada en la Praza do Obradoiro, donde la fachada barroca de la Catedral de Santiago se alza majestuosa ante los ojos emocionados del peregrino que ha completado su viaje. El abrazo a la estatua del apóstol Santiago en el interior de la basílica y la asistencia a la misa del peregrino, con el famoso botafumeiro esparciendo incienso por la nave, representan la culminación espiritual de una experiencia que, pese a su relativa brevedad, encierra toda la esencia de la peregrinación jacobea.

Cómo llegar a Ferrol

En avión: El aeropuerto más cercano a Ferrol es el de Santiago de Compostela–Rosalía de Castro (SCQ), situado a unos 90 kilómetros de distancia y conectado con las principales ciudades españolas y europeas mediante vuelos directos operados por aerolíneas tradicionales y de bajo coste. Desde el aeropuerto es posible llegar a Ferrol combinando un autobús hasta Santiago de Compostela y, posteriormente, un servicio de autobús de línea o tren hasta Ferrol. Una alternativa es el aeropuerto de A Coruña (LCG), más pequeño pero más cercano (unos 60 kilómetros), con conexiones nacionales y algunos vuelos internacionales. Para quienes proceden de destinos internacionales más lejanos, el aeropuerto de Madrid, situado a unos 500 kilómetros, ofrece una gama más amplia de vuelos intercontinentales, aunque posteriormente requiere un traslado más largo en autobús o tren.

En tren: La estación ferroviaria de Ferrol está bien conectada con las principales ciudades gallegas y con el resto de España a través de los servicios de Renfe. Desde Santiago de Compostela salen trenes regionales frecuentes que llegan a Ferrol en aproximadamente una hora y media, ofreciendo una opción cómoda para quienes aterrizan en el aeropuerto compostelano. Desde A Coruña la conexión ferroviaria es aún más rápida, con una duración de unos 45 minutos. Quienes viajan desde Madrid pueden utilizar los trenes de larga distancia que llegan a A Coruña y, posteriormente, enlazar con un tren regional hacia Ferrol, con un tiempo total de viaje de unas 6–7 horas.

En autobús: Las compañías de autobuses Arriva y Monbus operan conexiones regulares entre Ferrol y las principales ciudades gallegas. Desde Santiago de Compostela salen numerosas rutas diarias con un tiempo de viaje de aproximadamente 1 hora y 30 minutos. Desde A Coruña el servicio es aún más frecuente, con autobuses que tardan alrededor de una hora. La estación de autobuses de Ferrol se encuentra en una posición céntrica y bien conectada con el punto de inicio oficial del Camino Inglés. Para quienes llegan desde el aeropuerto de Santiago, es posible utilizar el servicio de autobús hasta la estación de autobuses o de trenes de Santiago y continuar después hacia Ferrol.

Cómo llegar a A Coruña

En avión: A Coruña dispone de su propio aeropuerto, el Aeropuerto de A Coruña–Alvedro (LCG), situado a tan solo 8 kilómetros del centro de la ciudad y accesible en unos 15 minutos mediante autobús urbano o taxi. El aeropuerto ofrece vuelos directos principalmente hacia y desde las principales ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Sevilla y Bilbao, además de algunas conexiones estacionales con destinos europeos. Para quienes necesitan una oferta más amplia de vuelos internacionales, el aeropuerto de Santiago de Compostela (SCQ), situado a unos 70 kilómetros, representa la principal alternativa, con conexiones a numerosos destinos europeos y algunos intercontinentales. Desde el aeropuerto de Santiago es posible llegar a A Coruña mediante autobús directo, con salidas regulares y un tiempo de viaje de aproximadamente una hora.

En tren: La estación ferroviaria de A Coruña, recientemente renovada, es uno de los principales nodos ferroviarios de Galicia, con excelentes conexiones hacia las principales ciudades españolas a través de los servicios de Renfe. Desde Madrid salen diariamente trenes Alvia de alta velocidad que llegan a A Coruña en unas 5 horas y 30 minutos, ofreciendo una opción cómoda y panorámica que atraviesa todo el noroeste de España. Desde Santiago de Compostela los trenes regionales son muy frecuentes, con salidas aproximadamente cada hora y una duración del trayecto de tan solo 30–40 minutos, lo que hace extremadamente sencillo el enlace entre el aeropuerto internacional y el punto de inicio del camino. Existen también conexiones ferroviarias con Pontevedra, Vigo y otras ciudades gallegas, así como con León y Oviedo en las regiones limítrofes.

En autobús: La red de autobuses que da servicio a A Coruña está especialmente desarrollada y es eficiente, con la compañía Monbus ofreciendo conexiones capilares por toda Galicia. Desde el aeropuerto de Santiago salen autobuses directos gestionados por la compañía Empresa Freire que llegan a A Coruña en unos 50 minutos–1 hora, con paradas en la estación de autobuses de la ciudad, perfectamente conectada con el centro histórico. Desde la ciudad de Santiago de Compostela parten servicios muy frecuentes a lo largo de todo el día, con un tiempo de viaje de unos 45 minutos. La estación de autobuses de A Coruña se encuentra en una posición estratégica, cerca de la estación ferroviaria, lo que facilita los desplazamientos hacia el punto de inicio oficial del Camino Inglés en la Torre de Hércules o en el centro histórico.

Cuándo recorrer el Camino Inglés

La elección del período para emprender el Camino Inglés depende de las preferencias personales y de la disponibilidad de tiempo, teniendo siempre en cuenta que Galicia se caracteriza por un clima atlántico húmedo, con precipitaciones repartidas a lo largo de todo el año. La primavera (abril–junio) representa uno de los momentos más encantadores, cuando el campo gallego se viste de un verde intenso, las flores silvestres cubren los bordes de los senderos y las temperaturas suaves (15–20 °C) hacen que el camino sea especialmente agradable, aunque las lluvias primaverales pueden requerir un equipamiento adecuado. El verano (julio–agosto) ofrece las temperaturas más cálidas (20–25 °C) y una mayor estabilidad meteorológica, pero coincide también con el pico de afluencia turística y con la posibilidad de jornadas bochornosas en los tramos interiores alejados de la brisa marina, además de precios de alojamiento generalmente más elevados.

El otoño (septiembre–octubre) es considerado por muchos peregrinos experimentados como el período ideal, cuando el clima sigue siendo suave, la luz otoñal otorga a los paisajes tonalidades doradas y rojizas especialmente fotogénicas y el número de caminantes disminuye notablemente en comparación con el verano, devolviendo al recorrido esa dimensión de soledad contemplativa que representa uno de sus valores más auténticos. El invierno (noviembre–marzo) es la estación más exigente, con temperaturas frescas (8–12 °C), lluvias frecuentes y días más cortos que limitan las horas de marcha disponibles, pero ofrece al peregrino más motivado una experiencia aún más íntima y auténtica.

El mejor período se sitúa generalmente entre finales de abril y junio y luego entre septiembre y mediados de octubre, cuando se alcanza el equilibrio ideal entre clima favorable, paisajes exuberantes y una afluencia moderada de peregrinos. Es importante tener en cuenta que la proximidad al océano Atlántico hace que el clima del Camino Inglés sea especialmente variable e impredecible, con la posibilidad de lluvias incluso en los meses estadísticamente más secos, lo que hace esencial un equipamiento que incluya siempre prendas impermeables de calidad y la flexibilidad mental necesaria para aceptar las sorpresas meteorológicas como parte integral de la experiencia gallega.

Consejos prácticos para el peregrino

Los alojamientos a lo largo del Camino Inglés incluyen albergues públicos y privados, pensiones, casas rurales y hoteles para todos los presupuestos, con una disponibilidad generalmente buena en las localidades principales como Pontedeume, Betanzos y en los pueblos más grandes, aunque en los pequeños núcleos rurales las opciones pueden ser limitadas, por lo que se recomienda la reserva anticipada, especialmente en los meses de mayor afluencia. Los albergues para peregrinos requieren la presentación de la credencial y ofrecen alojamiento en dormitorios compartidos a precios económicos (8-15 euros), mientras que los establecimientos privados ofrecen mayor confort y privacidad a tarifas variables. La credencial del peregrino (credencial) es indispensable para acceder a los albergues y para obtener la Compostela al final del camino y puede solicitarse en las asociaciones de los Caminos de Santiago, en las parroquias de Ferrol o A Coruña, o en algunos albergues a lo largo del recorrido, recordando que para obtener el certificado de la Compostela es necesario haber recorrido al menos los últimos 100 kilómetros a pie (requisito que solo cumplen quienes parten de Ferrol) y sellar la Credencial al menos dos veces al día.

La señalización del Camino Inglés es generalmente buena, con las clásicas flechas amarillas que guían al peregrino a lo largo de todo el recorrido y las conchas de Santiago que confirman que se está en la ruta correcta, aunque en algunos tramos rurales o al atravesar núcleos urbanos puede ser necesaria una mayor atención y la consulta de una guía en papel o de una aplicación GPS dedicada a los caminos jacobeos. Es fundamental llevar consigo un equipamiento adecuado que incluya botas o zapatillas de trekking ya domadas, una mochila ergonómica no demasiado pesada (máximo el 10 % del peso corporal), ropa por capas para adaptarse a los cambios climáticos, chaqueta y pantalones impermeables de calidad, crema solar y gorra o sombrero para protegerse del sol estival y un mínimo de medicamentos para ampollas y pequeños inconvenientes. La farmacia del peregrino debería incluir apósitos específicos para ampollas, desinfectante, antiinflamatorios y cualquier medicamento personal necesario.

Desde el punto de vista de la organización diaria, se recomienda comenzar a caminar a primera hora de la mañana para evitar el calor de las horas centrales en verano y para asegurarse plaza en los albergues públicos que aplican el sistema de “primero en llegar, primero en ser atendido”, mantener un ritmo constante sin prisas escuchando el propio cuerpo, hacer pausas regulares para hidratarse y reponer fuerzas y respetar siempre el entorno natural y las comunidades locales que se atraviesan. La peregrinación es también una oportunidad para saborear la extraordinaria gastronomía gallega, desde los mariscos frescos de las rías hasta el pulpo a la gallega, desde las empanadas tradicionales hasta los quesos locales, acompañados de los excelentes vinos blancos Albariño o de los tintos Ribeiro, convirtiendo cada parada en un momento de descubrimiento cultural además de descanso físico.

Por qué elegir el Camino Inglés

El Camino Inglés representa una opción ideal para quienes buscan una experiencia auténtica e intimista del peregrinaje jacobeo, lejos de las multitudes que caracterizan especialmente al célebre Camino Francés durante los meses de verano. La relativa menor afluencia permite disfrutar de un ritmo más contemplativo, de conversaciones más profundas con los compañeros de viaje encontrados a lo largo del camino y de una conexión más directa con las comunidades locales, que mantienen viva la tradición de la acogida al peregrino, sin la estandarización que a veces afecta a las rutas más transitadas. La dimensión marítima que caracteriza el inicio del recorrido lo hace único en el panorama de los caminos jacobeos, regalando impresionantes panoramas atlánticos con la energía particular de las rías gallegas.

La riqueza paisajística del Camino Inglés concentra en pocos días de marcha una extraordinaria variedad de entornos: desde las costas atlánticas azotadas por los vientos, hasta los verdes valles fluviales, desde los fragantes bosques de eucaliptos hasta los prados salpicados de construcciones tradicionales de piedra, pasando por villas medievales perfectamente conservadas como Betanzos y Pontedeume, que representan auténticas joyas de la arquitectura histórica gallega. El patrimonio cultural a lo largo del recorrido incluye testimonios románicos, góticos y barrocos de gran valor, creando un diálogo continuo entre distintas épocas de la historia europea.

Este camino se dirige especialmente a quienes disponen de tiempo limitado pero no quieren renunciar a la experiencia completa de la peregrinación con la obtención de la Compostela (partiendo desde Ferrol), a los caminantes que buscan un itinerario de dificultad media sin los retos extremos de otros recorridos de montaña y a quienes aprecian una dimensión más recogida y espiritual frente al aspecto turístico-recreativo. La gastronomía y los vinos gallegos, la hospitalidad genuina de la gente local y esa particular luz atlántica que envuelve paisajes y monumentos completan una experiencia que, pese a su relativa brevedad, encierra todos los elementos esenciales del peregrinaje: el esfuerzo físico, el descubrimiento cultural, el encuentro humano y, para quien lo busca, el camino interior hacia una meta que es tanto geográfica como espiritual.

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